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Ante la Ley

Evolución

Ante la ley hay un guardián. Frente a ese guardián llega un hombre y le pide ser admitido en la Ley. Pero el guardián le dice que por ahora no le puede permitir la entrada. El hombre se queda pensando y pregunta si le permitirán entrar más tarde. ¨Es posible¨ dice el guardián, ¨pero ahora no¨. Viendo que la puerta de acceso a la Ley está abierta como siempre y el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para mirar al interior a través de la puerta. Cuando el guardián lo advierte, se echa a reír y dice: ¨Si tanto te atrae, intenta entrar pese a mi prohibición. Pero ten presente que yo soy poderoso. Y solo soy el guardián de menor rango. Entre sala y sala hay más guardianes, cada cual más poderoso que el anterior. Ya el aspecto del tercero no puedo soportarlo ni yo mismo¨. El hombre decide que es mejor esperar hasta conseguir el permiso de entrada. Allí se queda sentado días y años. Hace muchos intentos por ser admitido, y cansa al guardián con sus ruegos. El guardián lo somete con frecuencia a pequeños interrogatorios, pero son preguntas hechas con indiferencia, y al final le repite una y otra vez que aún no puede dejarlo entrar. El hombre, que se había provisto de muchas cosas para su viaje, lo gasta todo, por valioso que fuera, para convencer al guardián. Éste le acepta todo, pero al hacerlo dice: ¨lo acepto solo para que no creas que no lo intentaste todo”. Le queda poco tiempo de vida. Antes de su muerte acumula en su cabeza todas las experiencias vividas aquel tiempo hasta llegar a una pregunta que todavía no le había hecho al guardián. ¨Todos aspiran a entrar en la Ley¨, dice el hombre, ¨¿cómo es que en tantos años nadie más que yo ha solicitado entrar?¨ El guardián advierte que el hombre se aproxima ya a su fin y le grita: ¨Aquí nadie más puede lograr entrar, porque esta entrada estaba asignada solo para ti. Ahora me iré y la cerraré”.

Lo anterior es una excerpta en traducción libre de los principales pasajes de la historia titulada Ante La Ley de Franz Kafka. Múltiples análisis se han vertido sobre la obra. Algunos que, contextualizados en el universo literario kafkiano, incluso han llegado a plantear que su sentido se enfoca en temas de fe. Independientemente de la interpretación que se le quiera dar a esta pieza literaria, considero que una idea ilustrada por medio del protagonista encierra una valiosa lección. Deliberadamente omití esa frase en el lugar que le corresponde en el texto, y la reproduzco a continuación: “Con semejantes dificultades no había contado el hombre; la Ley ha de ser accesible siempre y a todos, pensó.”

Algunas reflexiones básicas que quisiera dejar. La certidumbre de la Ley, y de su aplicación, solo puede ser posible en la medida que esta reúna los atributos propios de su naturaleza; es decir, que sea general, abstracta, impersonal, conocida y reconocida como justa. Parafraseando al ilustre jurista romano Paulo, lo justo no resulta de la norma, es el derecho, lo justo, de donde se infiere la norma. Y esta es una lección que se debe tener presente en todos los ámbitos en los que se pretende que intervenga el derecho, particularmente por medio de la legislación. Las leyes casuísticas o que se desvían de estos principios conducen, in extremis, a distopias jurídicas semejantes a las de los universos kafkianos.

Post scriptum: No es mi objetivo ni mi intención referirme a situación particular alguna. Mis reflexiones, como acostumbro, van más encaminadas a discutir los temas de fondo, del sistema, donde yacen las soluciones de raíz a los problemas cuyos síntomas vemos evidenciados en los temas de coyunturas concretas.

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Alejandro Baldizón

Abogado y Notario, catedrático universitario y analista en las áreas de economía, política y derecho.

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