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Arévalo: La receta para llegar a ser un gobernante impopular

Barataria

La popularidad de cualquier gobernante se va midiendo desde el momento en que toma posesión y a lo largo de su periodo presidencial.  Así, muchos elegidos con gran apoyo popular siguen manteniendo estos índices o bien van subiéndolos y bajándolos con base a acciones, la publicidad de sus actos, el carisma y liderazgo que tienen y el manejo de sus comunicaciones ya sea por medio de redes o atraves de su Secretario de Comunicación.  Lógico es que todo presidente no es una monedita de oro y por lo tanto, muchas de sus acciones van a afectar a algún sector que, en muchos casos dominan ciertos medios y por ello su popularidad podría variar.  Sin embargo, lo que siempre deberá mantener cualquier gobernante es el apoyo popular, puesto que es el pueblo mayoritariamente quien le eligió y por lo mismo debe cierta lealtad.

El señor Arévalo llegó arrastrando un importante apoyo popular y además un apoyo sectorial que muchos gobernantes hubiesen querido.  El rechazo de ciertos grupos de poder y de algunos poderes facticos se debió principalmente a que se mostraba como un político serio, hijo de un expresidente que gobernó el país como muchos otros con luces y sombras pero que la historia le otorgó un lugar muy importante como un reformista de primer orden a mediados del siglo pasado.  Además de ello, tenía el apoyo de grupos identificados con la izquierda guatemalteca y otros apoyos de los pueblos indígenas.

Cuando un gobernante llega al poder sin “deberle nada a nadie” resulta una ventaja que pocos han tenido en Guatemala, podemos mencionar básicamente a dos;  Jimmy Morales cuya elección resultó sorpresiva y que llegó al poder sin tener muchos compromisos con financistas y otros sectores y, luego tenemos al señor Arévalo quien llega al poder sin mayores compromisos y cuya oposición de poderes facticos fue muy evidente al caso de que se dudó en algún tiempo si asumiría el poder.

Bernardo Arévalo llegó al poder con pocas promesas hechas pero sí una principal:  Luchar contra la corrupción en Guatemala.  Bandera esta que enarboló no solo el sino que su partido Semilla y los diputados que asumieron comprometidamente este rol.  Actualmente el Presidente de la República registra índices de popularidad demasiado bajos en toda Latinoamérica puesto que actualmente es del 39%, cuando al principio de su mandato, pese a la oposición del establishment, era del 78%,  La pregunta obligada es ¿Porqué ha caído tanto la popularidad de un presidente como Bernardo Arévalo?

Sin querer entrar a valorar aspectos que hasta el cansancio resultaron perniciosos para el señor Arévalo como su lucha estéril y estúpida contra la Fiscal General (casi todo el año dominaron las noticias de un Arévalo queriéndola sacar y una Consuelo Porras aferrada al cargo).  Hay que tomar en cuenta que, el señor Arévalo se ha equivocado y muy fuerte.  En primer lugar, porque echarle la culpa al Gobierno de Giammattei al principio de su mandato el año anterior es una estrategia tradicional para todos los gobernantes, pero que dura únicamente el primer trimestre, llegado Junio, Julio o Agosto del año pasado y continuar diciendo que la culpa es de Giammattei y Martínez ya es una sinvergüenzada, porque el señor Arévalo está puesto precisamente para ejercer el gobierno y no puede excusarse en el gobierno anterior toda la vida.

En segundo lugar, creer que desviar la atención a la corrupción del poder judicial y a la Fiscal General, indicando que estos tienen mucha culpa en la situación del país, no es una estrategia de comunicación eficiente.  Ciertamente el poder judicial es corrupto, y la fiscal se aferra a su cargo, pero hay dos elementos que hacen que esta estrategia no le ayude: el primero es que su partido Semilla se encuentra en medio de un proceso judicial y esto hace que sus ataques al poder judicial sean estériles porque se entiende de que lo que busca es “librar” a su partido del proceso penal y, el segundo elemento, es que en su enfrentamiento a la Fiscal General salió “trasquilado” porque sus acciones de citar a la señora Consuelo Porras, lo dejó burlado y luego las acciones del Procurador General de la Nación resultan ser una medida estúpida de quien es el Abogado del Estado.  Conclusión; El Presidente Arévalo no podría seguir todo el año con esto y el índice de popularidad bajo aún mas, a tal grado que ya a mediados de año no contaba con el apoyo de grupos indígenas como los 48 Cantones que desde la toma de posesión se distanciaron.

En tercer lugar, el gobierno de Arévalo se vio manchado de corrupción con sus ministros, entre la Ministra de Cultura y su mal uso de recursos públicos en favor de su hija y que el señor Arévalo tibiamente trató, hasta el Ministerio de Comunicaciones que ha tenido varios ministros y que una de ellas salió por la puerta de atrás en un hecho que dejó mal parado al presidente que ordenaba pagos si y pagos no a quien le convenía a él y a su ministro de finanzas.  A todo ello, se dio el colapso de la ruta a Escuintla que, al día de hoy sigue sin habilitar y actos de corrupción siguen campantes sin que haya nadie del ejecutivo que diga que ya no hay corrupción en los ministerios mas corruptos de Guatemala: Salud Publica, Comunicaciones, Educación y Desarrollo Social.  Allí siguen los contratos, las mordidas o coimas y todo sigue igual a ciencia y paciencia de un presidente que prometió “luchar” contra la corrupción.

La impopularidad del presidente es resultado de los malos consejos de sus asesores estrellas que le hacen cometer cada estupidez del tamaña del mundo, porque sigue con una tónica que no le va.  El año pasado la excusa además de que “todo es culpa del presidente saliente, el señor Giammattei”, fue que “el presupuesto no le ayudaba”.  Total ahora tiene un presupuesto a la medida, negociado a las sombras de los más corruptos en el Congreso de la República, pero las cosas siguen exactamente igual y ya vamos a concluir el tercer trimestre. A ello se le suma, que el señor Bernardo Arévalo es un presidente ausente de cualquier debate nacional, tibiamente sale en actos públicos, casi no se pronuncia de la problemática nacional y es un total ausente a la hora de criticar los actos vandálicos de sus diputados en el Congreso de la República como, por ejemplo el aumento al salario de los Diputados ¿Alguien ha oído al Presidente criticar este aumento?  La problemática nacional esta ausente de la agenda del señor Arévalo a quien únicamente le interesó el año pasado remover a la Fiscal General cosa que no logró y que posteriormente se ha ausentado de la problemática.

Un presidente ausente, es también un presidente impopular.  No podemos predecir que sucederá con la popularidad del gobernante que va en caída libre, ya nadie le cree, todos lo consideran no solo un fraude sino más de lo mismo, haciendo las mismas cosas que sus antecesores y en lugar de distanciarse de ellos con acciones más serias y de acuerdo a sus promesas, cada día se parece a Giammattei, a Morales y a Pérez Molina, es decir sigue la misma tónica pero, de los nombrados ya sabíamos que eran así, pensamos que no iban a cambiar y no cambiaron el rumbo del país.  Pero de un gobierno como el señor Arévalo que se alinea a la izquierda, contra todo aquello que representa corrupción y que ofrece el oro y moro a los guatemaltecos, pero que luego resulta ser tan falso como los demás y de quien se esperaba algo más positivo. Hace que el beneficio de la duda se pierda en un año.  Hoy en día no solo tenemos un gobierno impopular, sino que no tiene visos de hacer ningún cambio porque sus excusas se le van acabando, ya no puede echarle la culpa a otro, ya no puede culpar del presupuesto, ya no puede culpar de las alianzas en el Congreso porque le han aprobado un presupuesto y hasta aumento de salario a sus diputados que allí estuvieron sin decir una sola palabra de ese grosero aumento y al contrario, lo defendieron. Entonces, ¿Quién tiene la culpa de este mal gobierno?  Pues no hay otra, el gobierno mismo.

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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