
Grandes Mujeres de la Historia: Aspasia de Mileto
Ventana Cultural
Esta es la segunda parte de una serie de escritos dedicados a grandes mujeres que han marcado la historia. A lo largo del tiempo, hemos visto personalidades femeninas que han logrado mucho más que lo que representan las marchas y los vítores del Día de la Mujer. Como mencioné antes, es un tema bastante trillado. No romantizo a la mujer ni su legado, pues hay muchas aristas dentro de la cronología humana.
Retomando un tema que he abordado hasta la saciedad, quienes me escuchan han tenido momentos de cavilación, análisis y reflexión en diversas circunstancias de sus vidas. Entonces, surge la pregunta: ¿qué es la filosofía? El diccionario la define como el amor al conocimiento o a la sabiduría.
Tanto en Oriente como en Occidente, existieron pueblos totalmente matriarcales. En ellos, se concebía a la mujer como el vínculo directo con lo divino. No necesitaba casarse para gobernar y se le educaba en la sabiduría y la libertad que le conferían tanto su sexo como su género. Culturas como la egipcia, la espartana y la celta veneraban y respetaban a la mujer como un ser íntegro.
En contraste, Grecia era un estado patriarcal. Era raro ver a una mujer en la política o la filosofía, ya que la cultura griega la consideraba un objeto más que una persona. Sin embargo, en Esparta, la mujer practicaba ejercicios junto con los hombres y era vista como su igual.
Dentro de esta sociedad profundamente misógina, existió un grupo de mujeres que rompían con los estándares establecidos: las hetairas o heteras. Eran mujeres cultas y educadas, con mayor libertad y participación en círculos intelectuales. A diferencia de la mujer común, eran invitadas a banquetes donde podían codearse con la élite culta, filósofos e intelectuales.
Una de las más destacadas fue Aspasia de Mileto, oriunda de la misma ciudad que vio nacer a grandes figuras como Tales de Mileto, Anaxímenes y Anaximandro, influyentes matemáticos y geómetras griegos.
«Una contribuyente al aprendizaje en Atenas, Aspasia de Mileto (c. 470-401/400 a.C.) superó audazmente las expectativas limitadas para las mujeres al establecer una escuela de niñas de renombre y un salón popular. Vivió libre de la reclusión femenina y se condujo como un intelectual masculino mientras disertaba sobre los acontecimientos actuales, la filosofía y la retórica. Entre sus admiradores se encontraban el filósofo Sócrates y sus seguidores, el maestro Platón, el orador Cicerón, el historiador Jenofonte, el escritor Ateneo y el estadista y general Pericles, su adorado esposo de derecho consuetudinario».
(The Oxford Classical Dictionary, 1992).
Según su biografía, Aspasia nació entre el 470 y el 460 a.C. en una familia adinerada de Mileto. Se cree que, a diferencia de Atenas, en ciudades como Mileto o Esparta, las mujeres gozaban de mayor libertad para recibir educación superior. En cambio, en Atenas, los estrictos cánones sociales limitaban su voluntad y su libertad.
Algunos de sus detractores afirmaban que Aspasia operaba un salón y una escuela para muchachas llamando a esos salones burdeles, aunque también se decía que las entrenaba para el placer masculino. Se la conoce como la esposa de Pericles y la maestra en retórica y dialéctica de Sócrates. Se dice que algunos de los grandes discursos atribuidos a Pericles en realidad fueron escritos por Aspasia. Sin embargo, ella no dejó un legado escrito. Los registros que existen sobre su vida provienen, en su mayoría, de intelectuales varones, quienes escribieron de acuerdo con su percepción del estatus de la mujer ateniense. Por ser extranjera, la llamaban metic y también hetaira.
Las hetairas representaban el nivel más alto dentro del oficio más antiguo de la humanidad. Eran mujeres hermosas, pero también libres e independientes. Podían desempeñar funciones de artistas, contertulias, prostitutas y acompañantes. Aunque tenían una autonomía considerable en comparación con las ciudadanas atenienses, seguían dependiendo de los hombres en muchos aspectos de sus vidas.
La mujer puede ser una Aspasia, una Hipatia, una Safo o, simplemente, quedarse estancada en un mundo limitado por sus miedos, creencias, juicios y supersticiones. Sin embargo, algunas hemos decidido transformarnos en aquellas grandes mujeres que nos precedieron y dejaron un legado para toda la eternidad.

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