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La antesala del Quinto Piso

Lugar Hermenéutico

En un cada vez más lejano 23 de febrero de 1976, doña Tita, como le llaman cariñosamente familia y amigos, días posteriores a la tragedia del terremoto de ese año, en las aun decorosas instalaciones del Hospital Roosevelt, daba luz a su cuarto hijo. 

A días de nacido, volvimos al lugar donde papa trabajaba como molinero con su inseparable hermano, el tío Beto, en la entonces aldea Sipacate, la Gomera Escuintla.  El inicio de la década de los ochenta, marco la crudeza del conflicto armado interno, lo cual obligo a mi padre, con molinos y familia moverse de nuevo a su natal Asunción Mita. 

Ante la necesidad de estudios universitarios por parte de mis hermanos mayores, papa ínstalo sus molinos en su casa del barrio la Suiza, mientras con mis hermanos nos trasladamos a vivir a la primero de Julio, dicho sea de paso, quizá uno de los últimos proyectos de vivienda social a gran escala, impulsados desde un gobierno central.

Cada viernes por la tarde, después de salir de la escuela, viajábamos con mamá en la ya desaparecida Rutas Mictlán de don Polo Navas, para estar con papá un par de días y volver el domingo, para el inicio de la rutina escolar.  Mi niñes y adolescencia, transcurrió entre los movimientos de jóvenes carismáticos de la primero de Julio, las ligas de mosquitos e infantiles de futbol y entre los centros de educación pública. 

Emulando el ejemplo de mis hermanos, siempre con entusiasmo por el aprendizaje, estudio en el ITV, Dr. Imrich Fischman a jornada doble, donde se reafirmó mi gusto por los números, para estudiar luego la carrera de Ingeniero Industrial en la Tricentenaria. En mi ruta universitaria, me encontré quizá, sin duda con el mayor punto de inflexión en mi vida, trabajar como maestro redactor de libros de matemática en una institución jesuita, por allá del año 1998.

Este trabajo me permitió recorrer por primera vez el país, pero más allá de eso, me permito conocerme y reafirmar lo que papa siempre me enseño desde pequeño, “la única forma de hacer las cosas es hacerlas bien”.  Mi mentor, el padre Tarsi, un jesuita español, me introdujo al pensamiento crítico y a la espiritualidad ignaciana, que, sin duda, me han acompañado desde entonces. 

En esta breve antesala, como olvidar mis 20 años en la USAC, mi tiempo como estudiante, auxiliar de catedra, profesor, planificador en la Facultad de Ingeniería, así como  representante del Rector Carlos Alvarado, ante el Consejo Nacional de Cambio Climático, veía mi vida siempre ligada a este amor raro que despierta en uno la San Carlos, sin embargo imposible hacer compatibles mis principios ignacianos con gente como Murphy Paiz, uno de los tantos responsables de tener sumida en la crisis en la que hoy se encuentra la carolingia. 

Durante este tiempo, conozco al Ing. Colom, recién concluido el proceso electoral de 1999, con un respetable tercer lugar en esa elección, queda con el combustible suficiente para formar lo que en un principio se llamaba EDI, (Encuentro Democrático de Izquierda) y que posteriormente se transformo en la UNE.

Pude acompañar al Ing. Colom en la campaña de 2007, como Secretario Nacional de Juventud de la UNE y Secretario del Consejo Político del Partido, tiempo en el cual, conocí sin duda a mucha gente valiosa como Luis Zurita, Ovidio Monzón, Olmedo España, Antonio Colom,  Luis Ferrate, entre otros, así como también, conocer lo más bajo del instinto humano, una partida de oportunistas que veían al Estado como una fuente de recursos para alimentar su insaciable ambición, algunos de estos pararon asesinados, otros exiliados, en la cárcel y muchos aun pululando en la folclórica política del país que tenemos.

Mi paso por el gobierno, tanto en SEGEPLAN como en el Ministerio de Ambiente, me permito ver que se pueden hacer bien las cosas si se quiere, con voluntad y carácter, es posible avanzar y persuadir al entorno cercano sobre la ruta planeada, siempre en el marco de la ley. 

Sin duda, el siguiente gran punto de inflexión llega con mi amada esposa, un auténtico regalo y recompensa de Dios en mi vida, así como con el nacimiento de mis dos bellas e inquietas hijas, con quienes se reinicia mi vida en una nueva oleada de prioridades y certezas.  Seguramente estoy muy lejos del buen hombre que fue mi padre, pero con la mejor voluntad de imitar sus sagrados pasos. 

Gracias a quienes me acompañaron en esta lectura, al escribirla pareciera revivir a tantos momentos coloridos y colorados, de luces y sombras, tal cual es la vida misma, pues a mis cuarenta y nueve años, puedo afirmar que tras la tormenta siempre se asoma la calma, así como de la oscura madrugada deviene el amanecer mas hermoso. 

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