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Las Universidades no deben participar en la elección de Magistrados ni ocupar puestos en Organos del Estado de Guatemala

Antropos

Salve, madre querida, dulce Guatemala, salve; encanto de la vida, fuente y origen de la mía”.
Rafael Landívar.

De nuevo las Universidades se ven involucradas en la elección de magistrados en diferentes órganos del Estado de Guatemala. Desde hace años a través de mi columna, así como explicaciones y documentos dados al interior de la USAC, de donde fui docente e investigador, sostuve y debatí porque la universidad no debe participar en estos procesos que le son ajenos a su propia esencia y misión. Sin embargo, por ser mi persona un ciudadano común y silvestre, nadie me ha escuchado a pesar que tengo sobradas razones de lo que sostengo en defensa de la academia universitaria.

Ahora es el momento propicio para recordar nuestro propio trajinar por la vida en la universidad. Al hacer un esfuerzo de rememorarla, nos llena de nostalgias, alegrías y tristezas. Cada paso está marcado por instantes. Momentos destellantes que hacen titilar luces por los senderos caminados. Estos sirven para que alumbren aún más lo que falta por andar y adorar con cariño a las personas con quienes hemos compartido y hemos querido. Eso es recordar, porque en cada escalón ha quedado estampado el sello de la amistad. Y como afirma Tzvetan Todorov, “Lejos de seguir siendo prisioneros del pasado, lo habremos puesto al servicio del presente, como la memoria -y el olvido- se han de poner al servicio de la justicia”.  

Podría contar tantas cosas que se agolpan en mi memoria, anécdotas, chistes, historias y pasadas. Ahora recuerdo por ejemplo, lo que me hizo cruzar el tiempo para atrás. Fue una fotografía en blanco y negro, que me envió Carlos Arévalo quien la rescato de la valija de los recuerdos. Es una foto tomada por el artista Mauro Calanchina en los primeros años, de la década del ochenta del siglo veinte, en plena época de la represión en Guatemala. Esos tiempos idos, están allí, porque la memoria los ha guardado para arañar desde el presente, un mejor futuro.  

Supimos entonces ser participes en la elaboración de textos escritos por economistas, filósofos, sociólogos, historiadores y politólogos. Cada texto era acompañado de explicaciones y debates por los docentes. Los conceptos vertidos en cada libro, generaba mayor conciencia en los estudiantes lo cual hizo crecer la rebeldía juvenil que se expresó con las protestas de lucha por un mejor país. Eran las ideas que alumbraban y ayudaban a discernir lo blanco y lo negro, lo oscuro y lo claro, pasando por los grises, hasta llegar al arcoíris. 

También fuimos testigos de cómo después de aquellas impresionantes manifestaciones al final de la década del setenta, las mentes más lúcidas del movimiento popular y de la universidad, empezaron a ser diezmadas. O bien del exilio de profesores e investigadores universitarios. Fue uno de esos momentos dramáticos y angustiosos, en el que penetró el miedo y el terror hasta nuestros huesos, tal era la estrategia de los enemigos de la democracia. Aún en medio de esta realidad que hasta la sombra de los árboles asustaban, volvimos al trabajo de manera irregular, a escondidas y salíamos en silencio por el temor a la muerte. Casi de manera clandestina recuerdo, los docentes caminaban por las orillas de las aceras para no ser detectados o miraban con desconfianza a sus propios estudiantes, porque ahí, podría estar uno de los vigiladores del terror. 

La muerte, la presencia de los vigiladores y el miedo, casi paralizaron a la universidad. Fue como si una gran aplanadora pasara por encima de las ideas, de los libros, de los conocimientos, de la razón o de la creatividad artística.  Y hoy los recuerdo por esa  pasión que ofrecimos como trabajadores de la Universidad de San Carlos. Algunos ya se nos adelantaron. Pero ese espíritu de creatividad y de apoyo a la docencia, no pudo al final ser doblegado. Ya no somos los mismos, pero legamos a las generaciones nuevas, nuestro optimismo por el conocimiento y nuestra convicción de defender con dignidad los principios que nos han dado orgullo como sancarlistas durante décadas de tiempo para hacer circular las ideas y el pensamiento crítico  que conduzcan a una mejor Guatemala.

De ahí que la universidad se debe a la academia como lo hacen esencialmente todas las universidades del mundo y como un compromiso para elevar el conocimiento que sirva para alcanzar la dignidad humana. No puede un Centro de Educación Superior dispersar sus esfuerzos en asuntos que le corresponden a los políticos del Estado y no debe, por lo tanto jugar el juego de los politiqueros del país. Es tiempo que el congreso de la República y las Universidades del país, rectifiquen esa decisión que se tomó de manera acalorada y con poco tino racional para que las universidades participen en actos de carácter político y politiquero, que no le son propios a su quehacer.     

Por eso procuré recordar de como la USAC, por ser la conciencia crítica de la sociedad guatemalteca, ha sido históricamente agredida. Debemos recordar a nuestros mártires, a nuestros intelectuales y a aquellos que ofrendaron la vida por una mejor universidad. Esencialmente, hagamos vida universitaria. 

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