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Luces apagadas, corrupción encendida en el San Juan de Dios

Poptun

La reciente crisis en el Hospital General San Juan de Dios en Guatemala, derivada de una interrupción en el suministro eléctrico, revela no solo las vulnerabilidades estructurales del sistema de salud del país, sino también ha dejado al descubierto la presunta connivencia entre la corrupción gubernamental y la falta de acción oportuna por parte de las autoridades, incluyendo la inquietante inacción del Procurador de los Derechos Humanos.

La interrupción de tres días en el suministro eléctrico, que trae como consecuencia la posibilidad de pérdidas de vidas humanas, además pone de manifiesto la negligencia que prevalece en las instituciones gubernamentales encargadas de garantizar el bienestar de la población. La falta de mantenimiento preventivo, según el director del Hospital, se convierte en un eco de la corrupción que ha marcado la gestión gubernamental actual.

Debemos recordar que, con la llegada al poder del actual presidente, médico de profesión, se generó esperanzas significativas entre la población guatemalteca con la confianza que por ser médico existiría una mejora sustancial en el sistema de salud. Sin embargo, estas expectativas se vieron frustradas y la desilusión de la población guatemalteca no se hizo esperar, derivado de los múltiples señalamientos de actos de gran corrupción, ya que el endeudamiento del país con préstamos millonarios destinados a fortalecer el sistema de salud, no contribuyeron a mejorar la red hospitalaria ni a proporcionar el nivel de atención necesario, tal y como se observa en la falta de mantenimiento preventivo que provocó el apagón que padeció el Hospital San Juan de Dios, sino que factiblemente fue a parar a bolsillos de algunos funcionarios. 

Por otra parte, la indiferencia del Procurador de los Derechos Humanos, cuya responsabilidad es velar por la integridad y derechos humanos de los guatemaltecos, es especialmente alarmante. El Procurador de los Derechos Humanos, según las atribuciones establecidas por la ley guatemalteca, tiene el deber ineludible de velar por el respeto y la protección de los derechos fundamentales de la población. Esto incluye, entre otras responsabilidades, interponer las acciones legales necesarias, la investigación y denuncia de comportamientos administrativos lesivos y la emisión de censuras en caso de violaciones evidentes. Sin embargo, durante el desarrollo de la reciente crisis en el suministro eléctrico del Hospital San Juan de Dios, se evidenció un incumplimiento significativo de estas obligaciones.

La falta de acción oportuna, plantean interrogantes sobre la eficacia y el compromiso del Procurador en cumplir con su mandato para garantizar los derechos humanos de la población guatemalteca. El papel del Procurador es fundamental en momentos de crisis como estos. La falta de una respuesta inmediata ante una emergencia tan grave refleja no solo una desconexión con la realidad y los problemas de la población, sino posiblemente una falta de voluntad para desafiar a las autoridades centrales actuales y demandar acciones inmediatas.

La interrupción del fluido eléctrico en dicho Hospital, es un momento en el que la ciudadanía espera liderazgo y respuestas concretas, pero la pasividad del Procurador deja entrever una falta de compromiso con el deber de defender los derechos humanos del pueblo. Su acción tardía solo alimenta la desconfianza y la frustración de la ciudadanía, quienes esperan acciones oportunas y no simplemente el silencio cómplice de aquellos que deberían abogar por el bienestar de la sociedad y no inclinarse a defender a las autoridades que los llevaron al cargo que ostentan. Este incidente subraya la importancia de una evaluación crítica de la actuación del Procurador y la necesidad de fortalecer las instituciones encargadas de salvaguardar los derechos fundamentales en el país.

Finalmente se puede concluir, que la connivencia entre la corrupción y la negligencia gubernamental no sólo cobra probablemente un precio en vidas humanas, sino que también erosiona la confianza en las instituciones que deberían proteger y servir a la población. La sociedad guatemalteca merece respuestas y acciones concretas, así como una rendición de cuentas transparente para evitar tragedias como la vivida en el Hospital San Juan de Dios. La lección es clara: la corrupción y la indiferencia no pueden seguir siendo la norma en la gestión gubernamental si realmente queremos un país saludable y próspero.

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Mireya Batún Betancourt

Abogada, Notaria y Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales, postgrado en Criminología, especialista en ejecución penal con estudios en Doctorados de Ciencias Penales y Derecho Constitucional Internacional.

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