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Nosotros y el fin del mundo

Sueños…

Era un viernes gris y lluvioso. El cielo nublado y bajo intensos aguaceros se nos presentó la magia de adivinar el futuro a través del presente. Los países enfrentan una situación económica que asemeja a una oscura caverna llena de riesgos. Déficit fiscales que absorben los recursos de las naciones en pago de intereses, ineficiencia y corrupción en las altas esferas de la burocracia estatal, parálisis y reacomodos del comercio internacional, amenaza permanente de inflación, devaluación de las monedas y desempleo.

Según Kristalina Giorgieva, flamante directora del FMI, que la economía mundial es como un barco en aguas agitadas, a los problemas económicos se añaden los grandes retos de la destrucción del ambiente, la extinción por la fortaleza humana de el resto de especies vivas, el debilitamiento de las utopías de igualdad y equidad social, se pierde en la penumbra el sueño de sociedades democráticas.

Como diría Edgar Allan Poe, tal vez sea muy difícil para el lector darse cuenta del extremado terror que invade a los dirigentes del mundo, la lógica de que en medio de la tempestad y la pérdida del poder alguno de aquellos insensibles líderes decida apretar los botones rojos de la guerra nuclear. Los vapores de la crisis geopolítica no se disipan, el anuncio primero, la crisis financiera del 2008 inició la incertidumbre generalizada. En poco tiempo, dice Giorgieva, vivimos conmoción, tras conmoción. Añade primero, el Covid. Luego la invasión de Rusia a Ucrania. Y desastres climáticos cada vez más espantosos.

Las 8 superpotencias, y los organismos internacionales que coordinan su sistema son cada vez más incapaces de gobernar la barca, y un viento recio de la naturaleza hostigada por el humano, generan todo un resultado que nos precipitan a la destrucción.

La vida de las personas corre peligro. Si la destrucción del ambiente y el sufrimiento de los otros seres vivos no nos importunaba, los desastres militares, la inflación, la caída de la producción y el calentamiento global han infligido un daño inconmensurable en la vida de las personas. El crecimiento generalizado de los precios, tanto de bienes y servicios de consumo como de materias primas y equipos provocan la pérdida de poder adquisitivo y el derrumbe de los sistemas basados en maximizar las ganancias. La dirigencia de organismos internacionales se ve sin control de la economía, la fragmentación geopolítica se agrava con la crisis y lanza a una lucha desesperada de las superpotencias por imponer su hegemonía.

Como dirían en su momento, los analistas alemanes Engels y Marx, “La gran industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la navegación y de los medios de transporte por tierra. Este desarrollo influyó, a su vez, en el auge de la industria, y a medida que se iban extendiendo la industria, el comercio, la navegación y los ferrocarriles, desarrollábase la burguesía, multiplicando sus capitales y relegando a segundo término a todas las clases legadas por la Edad Media.”

Los países no pueden saltarse las etapas del desarrollo, pero tampoco debieran quedarse eternamente estados en modos de producción capitalistas-feudales. No olvidemos que cada etapa de la evolución recorrida por la burguesía ha ido acompañada del correspondiente progreso político. Estamento oprimido bajo la dominación de los señores feudales; finalmente conquistó la hegemonía del poder político en el Estado representativo moderno (en unos casos como república, en otros casos como monarquía-democrática, en otros simplemente como capitalismo-semifeudal). El Gobierno del Estado moderno y sus organismos internacionales, en momentos de auge y estabilidad no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa; pero, en momentos de crisis se convierte en campo de batalla por el control político de una u otra fracción de la burguesía.

Eso llena de estupor a la dirigente del FMI, como ser consciente se da cuenta que estamos experimentando un cambio fundamental en la economía global. Nos dice que de un mundo de relativa previsibilidad, con un marco basado en reglas para la cooperación económica internacional, con bajas tasas de interés y baja inflación, estamos pasando a un mundo de caos, con “más fragilidad, mayor incertidumbre, mayor volatilidad económica, confrontaciones geopolíticas y desastres naturales más frecuentes y devastadores, un mundo en el que cualquier país puede perder su rumbo con mayor facilidad y frecuencia.”

Poe, lo anticipó, evidentemente, se está levantando una tempestad a nuestras espaldas; no tenemos brújula, y si mantenemos nuestro derrotero, basado en un sistema de producción orientado a maximizar ganancias frente a la pobreza, la desigualdad y la destrucción de los recursos y la vida naturales, vamos a perder de vista la Tierra antes de romper el día.

¿Qué podemos hacer para evitar que este período de mayor fragilidad se convierta en una peligrosa «nueva normalidad»?, se preguntan en el FMI, estamos ante una crisis nueva, esta crisis puede terminar con la confrontación más oscura, la guerra nuclear, que según los dos grandes adversarios, la OTAN y Rusia, puede empezar en forma regional, pero que nadie sabe cómo evolucionaría.

En primer lugar, iniciar el recuento de los daños. Hay que reconstruir un modo de producción basado en satisfacer necesidades mínimas de todos los habitantes del mundo. Controlando y planificando una economía que explote solamente la mitad de cada territorio nacional, y que deje la otra mitad en forma virgen para la vida de animales y plantas.

Segundo, mejorar la cooperación entre todos los gobiernos del mundo para planear la protección pacífica del planeta. El pasado nos tiene que mostrar cómo utilizar la ciencia y la tecnología para sobrevivir en cooperación con todo el planeta.}

Tercero, superar los pensamientos espantosos, que nos paralizan y parecen orientados al fracaso. Esos pensamientos paralizan nuestra vida, que se confunde con el consumo masivo e indiscriminado, que nos paraliza y nos hace incapaces de hacer nada.

Cuarto, generar un mundo pluralista, en donde todas las ideas, proyectos y visiones tengan cabida para construir una sociedad solidaria y sostenible.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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