
Principios fundamentales
Políticamente Incorrecta
Hace unos días escribí un post en mis redes que dice «quienes no saben que es igualdad ante la Ley, debido proceso, presunción de inocencia, que el ciudadano es inocente hasta prueba contraria, no conocen la Constitución o el Código Penal. No entienden que es libertad, soberanía, propiedad privada ni patriotismo, son de izquierda, les guste o no».
Por algunos comentarios de gente bien intencionada, que se ha dejado llevar por la cantaleta de que la corrupción es la base de todos nuestros problemas nacionales. La base es la indiferencia y la ignorancia (leen y escriben pero no se informan) de los buenos ciudadanos que podrían hacer algo por el país, que permite que oportunistas anticomunistas (que se auto proclaman de derecha) y comunistas vestidos de oveja (la izquierda) ganen terreno y hagan con Guatemala lo que les dé la gana.
La igualdad ante la ley es básica para vivir en un estado de derecho porque significa que todos los ciudadanos debemos hacernos responsables de nuestros actos seamos del estrato social, profesión o raza que seamos. Eso significa que si a usted le hace algo ilegal una persona, no importa quien sea esa persona, debe responsabilizarse de sus actos. Por esa razón no deben haber leyes específicas. Matar, robar, hacer daño debe ser penado por ley de igual forma, sea quien sea el criminal.
El debido proceso implica que se respeten los pasos establecidos por la ley contra cualquier imputado. Marero, ex marido, soldado, terrorista, político, empresario, campesino, sindicalista, hombre o mujer, sea quien sea, la ley dice que el individuo se presume que sea inocente hasta prueba contraria y que es el MP el que debe demostrar su culpabilidad sin lugar a dudas. Por eso es que el proceso de investigación debe ser acucioso, no incurrir en pruebas falsas o falsos testimonios, apegado al proceso establecido por la ley.
Quienes tienen esa responsabilidad no deben incurrir en faltas para beneficio de nadie, de agendas políticas o ideológicas. La aplicación de la justicia debe ser objetiva, no subjetiva. Hasta el emblema de la justicia a nivel internacional representa ese concepto fundamental. Es por ello que vivir en un país civilizado, significa que nadie, absolutamente nadie, puede estar por encima de la ley.
La Constitución es el instrumento que establece los derechos y obligaciones de los ciudadanos, incluyendo de los ciudadanos que ejercen el poder. Así mismo, garantiza los derechos del individuo frente a las instituciones que lo gobiernan. Establece que la libertad individual es sagrada, y que el Estado no puede violarla. Garantiza que la soberanía radica en el pueblo, es decir, el soberano (que tiene el máximo poder o autoridad) es el pueblo, no el gobierno. O sea, los burócratas trabajan para el pueblo. Su salario sale de nuestros impuestos. Las instituciones deben servir al ciudadano, no dificultar la existencia de las personas.
Otro concepto que la Constitución garantiza es el derecho a la propiedad privada. Es propiedad privada una gallina, un carro, una parcela, una empresa, su ropa, todo lo que es suyo. La propiedad privada es un concepto humano que se aprende desde la niñez. Una de las primeras palabras que el niño aprende es «mío». Mío se usa hasta con una piedra que un niño toma para jugar. Quién no entiende eso, es porque no quiere entenderlo. Y la propiedad privada se respeta. Nadie puede robarle su marranito, robarle su maíz, robarle su carro, robarle su casa, robarle su tierra.
Para garantizar específicamente la propiedad privada que implica tierra (casa, finca, rancho, plantación, o lo que sea) existe el Registro de la Propiedad, como en todos los países. Es imperante que esa dependencia tenga representación en los 340 municipios del país, como la tiene el MP. Urge que los campesinos en el altiplano puedan registrar su tierra como heredada por sus padres, o adquirida legalmente por ellos, no invadida y arrebatada a otros, para poner orden en este tema. Hay miles de familias campesinas que cultivan su misma tierra desde hace generaciones, sin estar inscritas. Urge que lo estén.
El patriotismo es otro punto fundamental que la izquierda internacional se empeña en acabar aquí, y en todo el Hemisferio. Patriotismo es amar la tierra donde nació, sus costumbres, sus tradiciones. Patriotismo es respetar y cuidar esa tierra. Patriotismo es entender lo que simbolizan la bandera y los símbolos patrios. Es conocer el himno que describe nuestra esencia como guatemaltecos. Patriotismo es entender que tenemos una patria, que se llama Guatemala, y que somos todos guatemaltecos por encima de las diferencias que existan entre nosotros. El patriotismo es lo que nos une, lo que nos hace a todos ciudadanos de esta hermosa patria.
Entender todo esto no es difícil. Sólo abra su mente y piense con la cabeza, no con el hígado o el corazón. Son conceptos básicos y fundamentales para que una sociedad tenga una convivencia pacífica. Obvio, quienes hablan en contra ganan dividiendo, ganan pervirtiendo la administración de justicia, ganan polarizando al país.
Pregúntese por ejemplo, ¿por qué Helen Mack contrata a Juan Luis Font con dinero del Organismo Judicial?. Eso no es «culpa de los ricos» ni cabe ninguno de esos argumentos ridículos. Esa es la mera cabezona de la izquierda nacional incurriendo en otro acto de corrupción. Y como ese ejemplo, hay demasiados. Por qué Edgar Gutiérrez o Carmen Rosa de León Escribano siempre han tenido sueldo del Estado. Los que más le venden la idea de que la corrupción es el peor problema siempre han manejado fondos públicos o vivido de dinero del Estado, además de dinero proveniente de los contribuyentes de países como Estados Unidos o de Europa.
Esa gente no sabe lo que es sacar un préstamo en el banco, arriesgarse en una actividad o servicio productivo, pagar prestaciones, producir por sí mismos. De nuevo, pensar e informarse es obligación de cada individuo. Acusar a alguien de corrupto sólo porque opina diferente, o porque ataca a un burócrata que usted cree que es un santo, es ridículo. Hay que buscar información, si realmente le importa, y leer lo que no le gusta. Si una acusación tiene fundamento en la ley, no es un rumor.

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