
ARTEMIS II: Lecciones desde el espacio para la vida pública
Punto de vista
Al salir de la presentación del libro “Ultras y Mafiosos: actores antidemocráticos en Guatemala entre 2014 y 2024” escrito por Briseida Milián, la sensación fue incómoda, de esas que no se quitan con mi capuchino habitual. Briseida habla de actores antidemocráticos, de prácticas concretas, no de ideologías abstractas, que, con paciencia y coordinación, han ido erosionando principios democráticos básicos.
Como contraste brutal a lo doméstico, el mundo marca el 21 de marzo como el Día Mundial de la Poesía, mientras que la NASA se prepara para lanzar Artemis II. Todo lo anterior puede parecer una mezcla caprichosa, pero no lo es.
Artemis II no va a “llegar” a la Luna. No va a alunizar. Hará lo que en ingeniería espacial se llama una trayectoria de retorno libre: rodear el cuerpo celeste, probar sistemas críticos y volver a casa. Es, hasta donde entiendo, una misión diseñada para verificar que todo lo esencial: oxígeno, comunicaciones, protección, coordinación, etc. funciona antes de dar el siguiente paso: alunizar. Si algo falla, se detiene el lanzamiento, se revisa, se corrige. Nadie discute en este caso que la seguridad no es negociable, porque la vida de los astronautas está en juego.
En política, en cambio, parecemos conformarnos con orbitar la democracia sin aterrizar nunca en ella. Y aquí voy al libro de Briseida, que no habla de democracia en abstracto, sino de prácticas muy concretas: capturas institucionales, alianzas entre élites políticas, económicas y judiciales, uso del sistema penal para perseguir a quienes incomodan, discursos para justificar retrocesos. Lo más inquietante es que muchos de estos procesos ocurren a la vista de todos y están ya normalizados.
Ahí es donde la metáfora espacial entra de manera elegante. Porque una democracia que solo gira alrededor de sus principios, pero no se posa en ellos, se parece demasiado a esta misión que no va a aterrizar por el momento en nuestro satélite. En otras palabras, hay elecciones, instituciones, rituales formales, pero el suelo de la igualdad real, el acceso a la justicia, la protección de derechos sigue orbitando.
Y es entonces cuando aparece la poesía, como un incómodo frente en este mundo sumido en la desconfianza. La UNESCO creo que no declaró este día para romantizar poemas, sino para recordarnos algo profundamente político: la palabra como espacio de diversidad, de memoria y de diálogo. La poesía ha sido muchas veces una forma de resistencia. No es casual que los regímenes autoritarios teman a los poetas, pero también a los investigadores y a los artistas, porque trabajan con lo mismo: el lenguaje, la palabra y muchas veces nombran lo que otros quieren borrar o confundir. Y nombrar es una forma de aterrizar, de tocar el suelo, de saber dónde realmente estamos parados.
Volviendo a Artemis II: cada retraso del lanzamiento ha sido presentado como lo que es, una decisión responsable, porque al detectarse un problema, una mínima falla, todo se detiene. Nadie acusa a la NASA de debilidad por no despegar a tiempo. Al contrario, se reconoce que parar también es parte del éxito de la misión.
Pero eso no lo hacemos con nuestras democracias frágiles. Seguimos despegando con sistemas defectuosos y lo peor es que cuando alguien señala la falla, la grieta, el problema, se le acusa de exagerar, de “dañar la imagen”.
En resumen, Artemis II y la exploración espacial nos recuerda algo elemental: no hay misión exitosa sin cuidado de la vida. La poesía, la investigación y la crítica democrática nos recuerdan lo mismo, pero aquí, en la Tierra.

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