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El daño ya está hecho

Zoon Politikón

Puede pensarse que la desconfianza es la ausencia de confianza, sin embargo, no es así, pudiendo coexistir ambas de manera simultánea, ya que es muy humano desarrollar la tendencia tanto a confiar, como a desconfiar; siendo esta ambivalencia un elemento frecuente y natural en las relaciones humanas.

Lo ideal en una democracia es que el proceso de elecciones sea conducido con integridad, de tal manera que el ciudadano se sienta verdaderamente representado por sus legisladores y gobernantes; de esto depende poder contar con un contexto político general que forme una base sólida para la confianza pública.

Las elecciones son únicamente un instrumento, a través del cual el pueblo establece su voluntad en relación con un gobierno temporal; las elecciones deberían de conferir legitimidad al gobernante que obrará según la libre preferencia de quienes lo eligieron.

En la primera vuelta de estas elecciones estuvieron de manifiesto la gran variedad de intereses existentes en el espectro político, a raíz de lo cual el verdadero resultado obtenido ha sido la desconfianza en el proceso y por ello con o sin causa justa, los resultados, son rechazados por algunos.

El sistema electoral es motivo de resentimiento por esconder beneficios espurios y perversos para algunos, por no constituirse en un componente primordial para la solución de los retos sociales; sin embargo, no es la única causa en la disminución de la confianza en el sistema tal como es en la actualidad.

Las elecciones pueden considerarse como una piedra angular de la democracia representativa, y aunque no constituyen la consolidación de la democracia son esenciales para la legitimidad democrática; un voto no resuelve los problemas nacionales, pero el resultado provocado en su conjunto es fundamental en la legitimización de las nuevas autoridades.

La – confianza política – es un bien muy escaso en nuestra sociedad; siendo ésta el resultado de la – confianza social  – (pensar que la mayoría de las personas son honestas, respetuosas, y que tienen buenas intenciones,) y del – crecimiento económico. Aquí surge el desafío de ayudar a que las personas crean en sus gobernantes y tengan el sustento diario; elementos que no existen hoy en la mayoría de la población.

Sin la confianza política, que es un elemento primordial para que funcionen la sociedad y la economía, no se puede pretender que las personas ejecuten actividades para la creación de renta y riqueza, ni que confíen en sus gobernantes y en las instituciones políticas.

La confianza política requiere para su construcción:  del combate a la corrupción en apoyo a la percepción de justicia, del desempeño macroeconómico, de las instituciones electorales, de la socialización política (partidos políticos) y de la confianza generalizada. Con estos elementos se forma el – capital social, activo intangible puesto de manifiesto por las personas a través de su confianza en las instituciones, en la cooperación y en el respeto a las normas, y a los valores compartidos.

Con todo el fundamento anterior se pueden analizar aspectos más en detalle como: el gobierno actual, el TSE, el sistema de cómputo para el proceso electoral, la actitud de los candidatos, y la legitimidad de los candidatos actuales y de las nuevas autoridades.

El interés del poder fáctico por no permitir la participación de muchos que, sin necesariamente haber llegado a ganar la contienda, le hubieran dado otra cara a este proceso y que seguramente hubieran influido a que los resultados fueran muy distintos a los actuales.

En cuanto al software utilizado llama la atención, que un sistema informático permita el descuadre al ingreso de la data, discrepancia que debería alertar y bloquear la función de manera inmediata y por ninguna razón permitir que ocurra; obligando a la intervención de un supervisor que revise el estado de las actas. No se puede hablar de fraude de manera a priori, pero lo que es un hecho es que el sistema contratado está en duda total, siendo una de las principales causas de la desconfianza en el proceso, pues ya no garantiza el resultado, dando lugar a la disyuntiva de repetir o de aceptar.

El daño ya está hecho y cualquier acción, por el momento, no cambiará la percepción ya generalizada. ¿Por qué la insistencia en el tema? pues su efecto se verá en la segunda vuelta, en donde el gran ganador será el ausentismo, seguido por el voto nulo y el voto en blanco.

Pase lo que pase, hagan lo que hagan, gane quien gane… ya el sistema perdió credibilidad y por tanto nuestra incipiente democracia se debilita aún más.

La actitud de poca altura, el revanchismo, la descalificación, la vulgaridad y la poca preparación de muchos de los candidatos, robo el brillo que debió de haber tenido esta – fiesta cívica -.

En casi cualquier situación de la vida el peor escenario es aquel en el que lo que uno gana, lo pierde el otro, en lugar de buscar un ganar – ganar; pero es peor cuando las decisiones de unos pocos, perjudican la vida de todos, y es precisamente lo que estas elecciones nos están dejando.

El ganador de la primera vuelta a todas luces fue el ausentismo con un 40% del Padrón Electoral, seguido por el voto nulo y el voto en blanco que juntos representan el 14%, a continuación, la UNE con el 10% y el movimiento Semilla con 7%, el resto de los participantes constituyeron el 39%, sin superar ninguno el 5% del total del padrón. La lectura que se puede obtener indica que los participantes en la segunda vuelta solo contaron con el apoyo del 17% de los electores que legalmente podían ejercer el voto, o sea que estos no son representativos de la voluntad popular, considerando que la legitimidad es crucial para que un partido político pueda reclamar una victorial real.

El ausentismo denota la falta de confianza en el proceso, y el voto en blanco y voto nulo la descalificación al sistema electoral actual o la molestia por la no participación de sus favoritos.

Para una gran mayoría de guatemaltecos la segunda vuelta ya perdió interés por no considerarse representados por ninguna de las dos opciones; pero indiferentemente de quien sea el elegido por la minoría… este no debe olvidar que al llegar de esta manera no cuenta con legitimidad y que su poder por tanto es relativo, y solo podrá gobernar si logra a través del tiempo la confianza política necesaria.

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Edgar Wellmann

Profesional de las Ciencias Militares, de la Informática, de la Administración y de las Ciencias Políticas; Analista, Asesor, Consultor y Catedrático universitario.

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