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La gesta del 2 de agosto de 1,954. Los Cadetes Héroes (3a. Parte)

La Otra Cara

Ese fin de semana al regresar la comisión que asistió a los actos del Campo de Marte el cabo Francisco Barzanallana fue nombrado subalterno de guardia lo que le daba la oportunidad de mantener el control del establecimiento de las 0100 a las 0600. Coincidentemente llego la información que los paramilitares serían concentrados en las instalaciones aún no inauguradas del Hospital Roosevelt y Barzanallana en forma osada tomo la decisión de darles un escarmiento atacándolos por sorpresa, decisión compartida con el cabo Morales y con el Subteniente Cóbar, quien se encontraba de visita platicando con el cadete cubano, Oscar Morales.

Al retornar los cadetes que se encontraban de franco llevaron más noticias y comentarios sobre la situación imperante en la ciudad, concluyendo que el malestar contra los liberacionistas se había generalizado. Luego de pasada la lista de la 21:00 horas se supo que un cadete estaba faltando, nadie sabía sobre el paradero del cadete Dávila (El Gavilán).  Inmediatamente corrió la bola que el cadete había fallecido en un incidente con fuerzas liberacionistas, y logro el efecto esperado; los cadetes solo hablaban sobre la forma de vengar su muerte. Inmediatamente los cadetes líderes de la operación fueron pasando la consigna ¡Hoy en la madrugada se atacará a la liberación!

Al desfilar luego de finalizar la lista el grupo conspirador comandado por el sargento Santizo para no despertar sospechas se dirigió a estudio voluntario con la finalidad de afinar el plan de ataque. Inmediatamente se pusieron a dar respuesta a los EEI (elementos esenciales de información) sobre propias fuerzas y las del oponente y se procedió a nombrar comisiones para realizar acciones específicas, evaluando aspectos como, la cadena de mando, estado de fuerza, armamento y municiones, transporte de la fuerza, etc. y designaron a quienes capturarían al Director, Subdirector, y oficiales presentes en la instalación. La compañía estaba compuesta por 142 cadetes, de ellos 9 eran de quinto año (próximos a graduarse), 39 eran cadetes reclutas (nuevos) y existían varios destinos (enfermería, hospital, servicios, etc.) además del faltante cadete Dávila. Esto dejaba 82 cadetes disponibles. 

Se acordó efectuar una solicitud de apoyo al Brigada (sargento primero de tropa) Landelino Chacón, encargado de la tropa asignada como seguridad de las instalaciones para que convenciera los 50 soldados a su cargo para sumarse a la acción. En cuanto a los 9 cadetes de quinto año por considerar que serían los más afectados en caso de fracasar la operación se dispuso a dejarlos al margen y ponerles un custodio para que evitar la posibilidad de que denunciaran el operativo antes de su inicio. Luego se reunieron alrededor de la mesa de arena (herramienta de instrucción utilizada para la enseñanza en la planificación de este tipo de acciones), en donde el cadete Putzeys inició el esbozo del plan de ataque y se nombro a los cadetes Cóbar y Frenner para que saltándose la muralla se dirigieran a efectuar un reconocimiento sobre la fuerza y el dispositivo de los oponentes.

Se designo al sargento Santizo como el comandante de la operación por sus dotes de liderazgo. Los cadetes Cóbar y Frenner volvieron indicando que la fuerza se estimaba de 1,500 a 2000 hombres distribuidos en los tres niveles de la instalación del Hospital, y continuaron con la planificación tratando de ubicar las entradas y accesos al edificio, características del terreno, etc., para definir la forma de iniciar el ataque coincidiendo que el primer golpe debería ser sorpresivo y producir el mayor efecto destructivo posible. Fue el cadete Anderson, conocido por valiente e impulsivo quien se ofreció para dirigir una acción de tipo comando dentro de las instalaciones del Hospital con la intención de generar confusión y pánico y la mayor cantidad de bajas posibles y luego efectuar una rápida retirada en forma escalonada por la escuela de enfermería.

A las 0130 fue despertado el sargento Santizo y este ordeno despertar inmediatamente al cabo Morales, cabo Barzanallana, cabo Paiz y a los cadetes Méndez Ruiz, Anderson, Frenner y Cóbar. La orden fue cumplida y rápidamente se uniformaron con equipo de campaña ¡Eran las dos de la mañana del dos de Agosto de 1954, día que pasaría a la historia!

Inmediatamente fueron cortadas las líneas telefónicas, nombraron cadetes de segundo año para relevar a los elementos de tropa que estaban de servicio en los torreones y se dirigieron a la residencia del Director para capturarlo al igual que al Subdirector. Se puso vigilancia sobre los cadetes de quinto año designando al cadete Wer para coordinar esta actividad.  Simultáneamente el cadete Méndez Ruiz se dirigió a la armería y tomo todo el armamento y munición que considero posible. El Mayor Medina (Director) quién no contaba con el respeto de la compañía por su entrega a las causas liberacionistas y por la forma en que había sido nombrado para el cargo pasando sobre la antigüedad del Subdirector y otros oficiales, fue ingresado a un calabozo; los Oficiales instructores en la Sala de Banderas y el Subdirector Coronel Rolando Chinchilla Aguilar quien era muy respetado fue informado de los motivos que los impulsaban a realizar esta acción y también recluido en la Sala de Banderas.

El armamento obtenido de la armería fue colocado rápidamente en la palangana de un pick-up, conducido por el cadete Emilio Eva Zaldívar. Mientras esto sucedía las luces del dormitorio ya estaban encendidas y el resto de los cadetes que no sabían del movimiento fueron informados por los que ya estaban equipados para campaña y los iban poniendo al tanto de la situación. En el lugar que le correspondía como Sargento de Pelotón, Jorge Luis Araneda cadete de quinto año que estaba a veintinueve días de graduarse como Oficial del Ejército fue despertado por el ruido y se sentó en su cama y pudo observar que un cadete equipado con su fusil lo vigilaba y al preguntar qué pasaba la respuesta del cadete lo impacto ¡La compañía se ha levantado en armas y atacaremos a la Liberación, mi sargento!

Araneda se acercó a sus compañeros de promoción y constató que el sargento Mazariegos y el cadete Edwin Ortiz ya estaban uniformados de campaña y les pregunto ¿qué pasa?  Al ser informado por Mazariegos inmediatamente le pregunto: ¿Llevará la Bandera la compañía? Si mi sargento fue la lacónica respuesta; entonces respondió con las frases que lo habrían de inmortalizar: ¡yo soy el abanderado, a donde va la compañía va su bandera, y a dónde va la bandera, voy yo¡

La compañía se estaba formando en el corredor frente al patio de maniobras y el sargento Santizo convertido en Comandante de la Compañía se puso al frente y arengó a los cadetes haciéndoles ver los motivos para levantarse en armas… Por su parte el cadete Anderson les espetó: ¡Cadetes, nadie está obligado a participar, esta es una acción voluntaria; quienes estén dispuestos a defender la dignidad de la Patria y el honor de nuestro Ejército pasen a su puesto, pues estamos listos a partir!

Inmediatamente los cadetes se dieron cuenta de la incorporación voluntaria de los cadetes de quinto año, sargento Araneda, cabo Bosch, cadete Erwin Ortiz, y sargento Mazariegos dando ejemplo de lealtad a su Patria, a su Ejército, a su amada Escuela y a sus compañeros. Este heroico gesto modifico la organización para el combate dispuesta por el sargento Santizo, quien inmediatamente nombro a Araneda como responsable del segundo pelotón y al cadete Bosch para que dirigiera el emplazamiento y fuego de las ametralladoras.

La incorporación de los graduandos motivo a todos los cadetes y antes de la partida del improvisado y minúsculo convoy el subdirector Coronel Chinchilla intento en varias oportunidades persuadirlos, sin éxito. Los pocos vehículos fueron abandonando uno tras otro su Alma Mater y en su interior viajaban aproximadamente 100 adolescentes y algunos miembros de tropa dispuestos a enfrentarse con su destino. Al salir pudieron leer con orgullo creciente el lema que se encontraba en letras grandes y doradas en una de las paredes de la Guardia de Prevención, ¡Aquí se preparan los hijos predilectos del Honor, el Deber y la Gloria!

Continuará….

Fuente: Las Batallas por Guatemala, primer tomo. (De diez)

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Oscar Platero

Historiador y escritor, Analista y docente de Inteligencia. Geopolítica, Seguridad y Defensa. Director del Instituto de Estudios Estratégicos IEE

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