Y después de las elecciones ¿qué?

La fuerza política que controla el congreso, controla a su vez la integración de la corte suprema. En cuanto exista colusión de intereses entre el gobierno y el congreso, sobre todo si pertenecen a la misma facción, pueden tener a su vez el control de la corte de constitucionalidad, puesto que en términos prácticos estarían designando a tres de sus cinco miembros titulares, puesto que uno es nombrado por el presidente, otro por el congreso y el tercero por la corte suprema afín a la misma fuerza política. Al controlar la corte de constitucionalidad tendrán, esencialmente, poder absoluto. Si bien ese es el más extremo de los riesgos, en el mejor de los casos nos veremos inundados de legislación intervencionista, incluido seguramente incrementos de impuestos, y expansión de la burocracia ineficiente y de los programas clientelares que, si bien quizá no acaban ahogándonos, subirán la intensidad de la corriente contra la cual hemos venido luchando en nuestro afán de desarrollo y progreso.

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Y ahora ¿Qué?

Me queda una acotación última: dado que Guatemala carece de los recursos suficientes para repetir estas elecciones (de unos ochenta a cien millones de quetzales), sí dispone, al menos, de ciertos medios a través del Congreso y de los partidos políticos legalmente vigentes para eliminar de una vez por todas esa dictadura por el momento vigente de los jueces metidos a legislar y a ejecutar, como lo han hecho reiteradas veces la Magistrada Gloria Porras y Asociados.

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La vieja segura

Parece que queremos que en este país todo cambie para que nada cambie. La conducta de los votantes no refleja la exigencia ciudadana de un cambio real en el país. Ahora con la esperanza de esperar un milagro, y que quienes tomen las riendas de decisión en el país, se tomen en serio el futuro de Guatemala.

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