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Presidente Arévalo y embajador Patterson

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Una de las funciones del Presidente de la República de Guatemala es «dirigir la política exterior y las relaciones internacionales». Opino que, en el ejercicio de esa función, debe exigir a los embajadores acreditados en nuestro país, cumplir el artículo 41 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.

Ese artículo declara que los miembros de las misiones diplomáticas “deberán respetar las leyes y reglamentos del Estado receptor”, y  “están obligados a no inmiscuirse en los asuntos internos de ese Estado.”

El presidente debe exigir también que “todos los asuntos oficiales” que competen a la misión del Estado acreditante “han de ser tratados con el Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado receptor” o “con el ministerio que se haya convenido”. Y los lugares que ocupe la misión “no deben ser empleados de manera incompatible con las funciones de la misión…»

Los embajadores son jefes de misión diplomática. En Guatemala, los embajadores de Estados Unidos de América y de países de Europa, violan de manera flagrante el citado artículo de la convención. Lo violan, no meramente porque opinan sobre asuntos internos de Guatemala, sino también porque son agentes que patrocinan y financian a grupos de guatemaltecos que ejecutan criminales actos violentos; e intentan influir, con fines políticos e ideológicos, en decisiones legislativas, judiciales y ejecutivas de nuestro país. Quizá hasta han convertido la sede de la embajada en recinto de conspiración contra el Estado de Guatemala.

El Presidente de la República de Guatemala, con fundamento en la convención de Viena, debe declarar “non gratos” a esos embajadores, “en cualquier momento y sin tener que exponer los motivos de su decisión…” Entonces el Estado acreditante tiene que retirarlo o cesar sus funciones en la misión.  Si el Estado acreditante no lo retira o no cesa sus funciones, el Estado de Guatemala podrá no reconocer su estatus de embajador.

No comparto la ideología socialista que profesaba el presidente Juan José Arévalo Bermejo, aunque tal ideología no fuera socialismo “material” sino “espiritual”. Empero, apruebo que haya logrado oponerse exitosamente a la abusiva intervención de un embajador de Estados Unidos de América.

Juan José nació en Taxisco, Santa Rosa, el 10 de Septiembre del año 1904. Murió en la ciudad Guatemala, el 7 de Octubre del año 1990. Fue Presidente de la República en el período comprendido entre el 15 de Marzo de 1945, y el 15 de Marzo de 1951.

Durante su gobierno arribó a Guatemala, el 17 de Noviembre de 1948, un nuevo embajador de Estados Unidos de América, presuntamente designado por solicitud de la empresa United Fruit Company. Era Richard Patterson.

El primer encuentro, meramente protocolario, entre Juan José y Richard ocurrió el 18 de noviembre. Ocho días después, en una primera entrevista, Richard le informó a Juan José que la United Fruit Company se oponía a que el Código de Trabajo se aplicara a los ciudadanos de Estados Unidos de América que trabajaban en aquella empresa.

Richard, que no hablaba español, le dijo al traductor: “Dígale al Señor Presidente que yo soy hombre de negocios y que hablo poco”. Juan José le dijo al traductor: “Por favor, dígale usted al Señor Embajador que yo soy político y que hablo mucho.”

Una semana después, en una segunda entrevista, Richard le dijo al traductor: “Dígale al Señor Presidente que estoy estudiando español. Así pronto hablaremos sin intermediario.” Juan José le dijo al traductor: “Dígale al Señor Embajador que no se tome esas fatigas. Yo tengo cuarenta años de estar estudiando el idioma, y todavía no lo domino.”

En la sexta o séptima entrevista, Richard le dijo al traductor: “Dígale al Señor Presidente que vengo a ofrecerle un viaje a Estados Unidos, con el recorrido que él desee y durante el tiempo que le parezca; que mi gobierno no otorga condecoraciones pero que el Presidente Arévalo será condecorado en Washington; que será recibido espléndidamente y que, además, le daremos lo que él pida; pero que cambie de política.”

Juan José le dijo al traductor: “Dile al Señor Embajador que mi esposa y yo hemos estado muy preocupados, en días pasados, por la noticia de que la señora de Patterson padecía un ataque de gripe, y que nos gustaría saber que ya está fuera de peligro.” Richard quedó atónito. “¿Usted le comunicó al presidente mi mensaje?”, le preguntó al traductor. “Sí, Señor Embajador”, le contestó el traductor.

En la siguiente entrevista, Richard le dijo al traductor: “Infórmele al Señor Presidente que estaré ocho días en Washington. Dígale que me han dicho que a él le gustan las mujeres; que quiero traerle una pero deseo saber si la prefiere rubia o morena.” La respuesta de Juan José, comunicada por el traductor, fue ésta: “Efectivamente, me gustan las mujeres; pero suelo buscármelas yo mismo.”

Richard Patterson se convenció de que era imposible someter a Juan José, y optó por conspirar para derrocarlo. El 28 de marzo de 1950 Richard, con el pretexto de que había sido amenazado de muerte, huyó, y así eludió ser declarado “non grato”. El 24 de abril de 1951 cesó su misión diplomática en Guatemala.

En las relaciones diplomáticas con el gobierno de la nación más poderosa del planeta, Juan José fue un presidente digno. Esa dignidad es especialmente notable porque casi todos sus sucesores se han complacido en abyecta indignidad, y han convertido a Guatemala en un campo de intervención de potencias extranjeras, que quieren gobernarla. De hecho, nuestro país es ya una colonia de Estados Unidos de América y de países de Europa; pero es colonia que esos colonizadores no enriquecen con sus tesoros sino que humillan con sus limosnas.

Post scriptum. Entre todos los embajadores que se inmiscuyen en asuntos internos de nuestro país, el primero que debe ser declarado “non grato” es el de Estados Unidos de América.

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