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Redarquía

Desde México

La redarquía es un fenómeno organizacional que está presentándose en diversos niveles como consecuencia de la profunda necesidad de autonomía, flexibilidad y agilidad en el trabajo.

Diversas organizaciones comienzan su reingeniería fragmentando la operación en cada vez más pequeños equipos efectivos que se ligan como una red para alcanzar los objetivos propuestos. Se debilitan las estructuras jerárquicas y se implantan modelos redárquicos para tomar decisiones, para ejecutar operaciones e incluso para fragmentar soluciones. Estos cambios operativos significan movimientos culturales, llenan los vacíos, por ejemplo; el principal atributo de una jerarquía está en la clara atribución de decisiones que conlleva una delegación de responsabilidad. Si la decisión la toma otro, el será responsable de sus consecuencias. En las redes la responsabilidad se asume desde lo individual.

Nuestro estilo de vida está migrando a un modelo redárquico, ya no se tiene un solo concepto de trabajo, las relaciones están aumentando significativamente en cantidad, aunque con un menor nivel de profundidad, incluso la manera de ver televisión responde a esas necesidades de autonomía y flexibilidad, la parrilla de contenidos se teje en redes de gustos que nos van llevando de recomendación en recomendación, antes la decisión correspondía a los horarios, hoy es autónoma y sumamente flexible. 

Si el mundo tiende redes y construye el presente mediante esas redes, para el sector gubernamental es una exigencia. Los diversos gobiernos a través de sus poderes ejecutivos han presentado sus informes gubernamentales, el presidente López Obrador entregó el 3er informe de su gobierno y en un tiempo extraordinario y de gran exigencia cualquier mérito parece palidecer. El balance y la aceptación del informe parece positivo, los principales indicadores de aprobación presidencial continúan con una estabilidad positiva. Aunque las crisis continúan escalando en sus indicadores y mostrando que el futuro no tiende a ser tan positivo como nos gusta esperar. 

Los tiempos en que se soluciona cualquier dificultad desde la voluntad jerárquica están pasando y así como el paradigma de los partidos políticos está migrando a un nuevo paradigma de colectivos, las estructuras jerárquicas están atenuándose ante las nuevas estructuras redárquicas. Ningún gobierno puede solo con la encomienda y más que prudente exigida la participación social.  

Lamentablemente seguimos reduciendo la participación ciudadana a la comunicación ciudadana, mediante preguntas y consultas, votaciones o foros, pero la participación debe ir más allá que su sola enunciación, implica responsabilidad. Participar no solo es escuchar, es actuar sabiendo que la respuesta a la responsabilidad es “yo”. ¿Quién es responsable del avance de un país?, no debemos responder que todos, ni tampoco queremos responder un “tu” necesitamos actuar y afirmar “yo”.

Bien debemos construir modelos de colaboración que incidan en políticas públicas y fomenten la participación, el involucramiento del ciudadano que, a la par del mundo y su vida, busca autonomía, flexibilidad y agilidad. Una autonomía que signifique transparencia y claridad, una flexibilidad que involucre el contexto y no solo el control y la agilidad acorde al mundo real. A un mundo en el que cada momento significa y aunque se pierda en la hipercomunicación se acelera en significación. 

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