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La Cultura de Violencia

Editorial

Mucho se habla hoy día de la decadencia en que ha caído la sociedad guatemalteca, ante la ausencia de los más mínimos valores de convivencia humana y la falta de respeto hacia la vida misma, esto se ha ido entronizando en el subconsciente colectivo de la población, y lograr cambiar la cultura de violencia y apatía no es cosa de poco tiempo, se ha llevado alrededor de 60 años cultivar esta estructura de violencia y será muy difícil cambiarla, al menos que iniciemos por la niñez y la juventud.

El triángulo de la violencia es un concepto introducido por Johan Galtung para representar la dinámica de la generación de la violencia en conflictos sociales. Según Galtung, la violencia es como un iceberg, de modo que la violencia visible es sólo una pequeña parte del conflicto. Disminuir o suprimirla supone actuar ante todos los tipos de violencia, que serían tres:

La violencia directa, la cual es la más visible y se concreta con comportamientos y responde a actos de violencia.

La violencia estructural, que se centra en el conjunto de estructuras que no permiten la satisfacción de las necesidades y se manifiesta, precisamente, en la negación de las necesidades.

La violencia cultural, la cual crea un marco legitimador de la violencia y se concreta en actitudes.

A menudo, las causas de la violencia directa están relacionadas con situaciones de violencia estructural o justificadas por la violencia cultural: muchas situaciones son consecuencia de un abuso de poder que recae sobre un grupo oprimido, o de una situación de desigualdad social (económica, sanitaria, racial, etc,) y reciben el espaldarazo de discursos que justifican estas violencias.

La violencia, puede ser entendida como el uso o amenaza de uso de la fuerza o de potencia, abierta u oculta, con la finalidad de obtener de uno o varios individuos algo que no consienten libremente de hacerles algún tipo de mal (físico, psíquico o moral).

Los conflictos son situaciones de disputa en los que hay contraposición de intereses, necesidades y valores. No debemos confundir conflicto con violencia puesto que hay conflictos que pueden resolverse sin el uso de la violencia, aunque no es posible que haya violencia sin conflicto (pero esto no quiere decir que el conflicto puede ser más o menos real para todo aquel que es objeto de la violencia). La violencia es un fenómeno social, que se aprende y por tanto también se debería poder desaprender. Por tanto, no se debe pretender eliminar los conflictos, puesto que estos son positivos en tanto que son oportunidades de transformación; se debe luchar a favor del no uso de la violencia para resolverlos.

Los conflictos, entendidos erróneamente como algo negativo, son connaturales a las relaciones humanas y positivos en tanto que implican cambios. Bien gestionados o regulados, pueden ser una excelente herramienta pedagógica o para la transformación social. Ahora bien, esto implica un trabajo, tanto de enseñar como de aprender a gestionar y transformar positivamente los conflictos. El problema con el conflicto empieza cuando las necesidades de dos o más personas o grupos son antagónicas, puesto que esto genera una crisis, difícil de resolver. Por eso, hay que poder abordar el conflicto antes de que llegue a la crisis.

En Guatemala estamos ya acostumbrados a vivir en una cultura de violencia, la cual se agrava con el uso y abuso del poder, así como la corrupción enraizada en las mismas estructuras del estado y en la sociedad guatemalteca, hoy día la mayor parte de la población del país justifica la corrupción como algo natural e intrínseco del guatemalteco, al referir dichos como “si vos no lo haces, otro lo hace”.

Esta cultura de violencia que se ha incrementado más por los hechos de corrupción, que no permiten que Guatemala encuentre el camino para la obtención de una verdadera libertad y cultura de paz, la cual no solamente es la ausencia de conflicto armado, sino el vivir en una Nación Libre, Justa y Solidaria.

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